En esta ocasión, estimados lectores quisiera compartir con ustedes una experiencia musical muy afortunada con la que me tope recientemente, no sin antes hacer algunas –por cierto pertinentes- aclaraciones, en primer lugar no soy ni pretendo ser crítico (o criticón) musical profesional ni nada que se le parezca, sin embargo el profundo amor y devoción que le profeso a ese conjunto de sonidos y silencios a lo largo de los años que llevo andando por estas latitudes y sobre todo de escuchar los 365 días del año y casi las 24 horas del día música, me permiten, eso sí, con toda la subjetividad que las artes tienen a desarrollar ciertas capacidades de apreciación y de identificación de lo que es un buen producto musicalmente hablando, y que conste que subrayo el termino subjetivo.

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Bien pues dicho lo anterior entremos en materia, hace un par de semanas iba transitando detrás del volante de mi carro por las calles de la gran Tenochtitlan cuando escuche en la radio una rola que acaparo por completo mi atención, se trataba de una canción que por su manufactura exquisita y pulcra no me soltó de principio a fin, una combinación delicada entre guitarras y bajo alternada con una batería que marcaba el ritmo sin dejar dudas de la calidad indiscutible de su elaboración, y la letra que en su sencillez lleva una honestidad brutal por el desamor como materia prima de su estructura, con toda franqueza disfrute por completo los cuatro minutos que dura el tema como hacía tiempo no lo experimentaba con un nuevo descubrimiento; vaya no había logrado conseguir ese estado de catarsis al que me llevo esta canción, por voz del locutor me entere que el track en cuestión se llamaba “Penelope” y estaba incluido en un disco cuyo título es Cerro del Aíre, y mi sorpresa fue mayúscula cuando supe quien era el responsable de tan complaciente experiencia, ni más ni menos que Alfonso André!!, sí aquel que toco la batería en Las Insólitas imágenes de Aurora, con Caifanes, Jaguares y La Barranca.

Vaya que fue una sorpresa, sobre todo porque cuando caí en cuenta que lo que había estado escuchando no era solo el canto de Alfonso a través de la batería como estábamos acostumbrados a verlo y escucharlo, sino ahora se trataba de su voz y todo su talento volcado, lo que me llevo a pensar si alguna vez había escuchado su voz –cantando me refiero- y pues la respuesta fue un no rotundo, honestamente nunca preste atención sobre si en las presentaciones que tuvo con Caifanes, Jaguares o La Barranca afloro su voz aunque fuera en los coros, mea culpa y me auto flagelo por ello.

Como buen melómano y compulsivo amante de la música, a partir de ese momento me di a la tarea de conseguir el disco a como diera lugar, reflexioné y especulé en mi interior si el disco en su totalidad era la mitad de bueno que el sencillo Penélope valdría la pena la adquisición.

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En mi afanosa tarea de tener el material en mis manos, recorrí un par de tiendas de esas que tienen nombre de mezclador y donde siempre te atienden tan bien y con una enorme sonrisa en los labios (nótese la ironía) llevándome una nueva sorpresa, el disco estaba agotado –a chinga!! Agotado??- por lo que motivado por una curiosidad casi morbosa devolví casi en lo inmediato una nueva pregunta: ¿te cae que agotado?,

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La respuesta de tan amable joven que me atendía a regañadientes fue lapidaria, sí agotado!!! Me hizo sentir como aquel sagaz interlocutor que en alguna ocasión me vio con un gancho de ropa en la mano por haber dejado las llaves del carro adentro y con el cual intentaría abrirlo, quien me pregunto candorosamente ¿se te quedaron las llaves adentro verdad?, en ese momento pensé contestarle que no, el gancho era para colgar el carro para que se secara porque lo acababa de lavar.

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Pero en fin continúe mi búsqueda ahora por las tiendas del buhito en donde suelen vender discos también, donde de plano devolvieron mi pregunta sobre el tan ansiado material con otra –¿ese quien es joven?- decidí entonces quitarme de problemas y aunque mi deseo era tener el material físicamente, para ver el arte del disco, leer sobre quienes participaron, en fin todo lo que conlleva tener un CD en las manos pues, opte por adquirir el producto en conocida tienda en línea, sí esa de la manzanita mordisqueada, y proceder a almacenar en mi reproductor mp3 el codiciado álbum.

Una vez ya con el contenido completo en mi poder, me dedique a escuchar uno a uno los once temas que contiene Cerro del Aire, daba los tiempos adecuados para dejar que fluyeran las melodías, poniendo atención a las letras, los acordes, la instrumentación, como se enlaza un sonido sobre, debajo y al lado de otro. Al finalizar el ejercicio recordé la experiencia que me hizo sentir el primer track que escuche aquella vez que iba al volante, lo que en esta ocasión percibí fue la misma sensación solo que a la n potencia, de principio a fin es imperdible, todos los temas tienen su propia característica, su propia armonía, pero todos están elaborados con una exquisita manufactura del más puro y representativo rock con el que muchos de nosotros crecimos, se planta con un estilo y una autoridad propia y al mismo tiempo, sin perder autenticidad, nos deja ver y sentir tintes y colores de las bandas donde André a participado.

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Y qué decir de los monstruos que colaboraron en la elaboración de este material, músicos de la talla de Federico Fong, Cox Gaytan y José Manuel Aguilera, miembros de La Barranca y con una amplia trayectoria en la escena del rock mexicano, Sabo Romo, Alejandro Markovich y Diego Herrera compañeros en Caifanes y ampliamente conocidas sus trayectorias, Paco Huidobro integrante del grupo Fobia, y Cecilia Toussaint una de las voces más reconocidas y representativas del rock mexicano, con todos estos y muchos otros compañeros de vuelo se entiende la deliciosa manufactura y ensamble musical conseguido.

De verdad es un viaje y toda una experiencia el que se logra con escuchar el álbum completo, por lo que para aquellos amantes del buen rock no se lo pueden perder, por lo pronto mi necesidad de dar oídos a rock mexicano de buena confección ha sido saciada, al menos por el momento, en hora buena que se sigan haciendo cosas con este nivel de calidad, con honestidad y autentica propuesta musical y no producto del marketing propio de la industria nacional, antes de finalizar y solo por saciar morbos aclaro que no me payolearon, estas líneas son producto de alguien que como tu consume, respira y disfruta del sabor agridulce de la música.

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Melómano de corazón, Whiskolero por vocación, tuitero con razón, amante del cine, ocupado por la naturaleza, bien informado, de sangre azul y piel dorada, sufro de insomnio y me arrullo con Metallica. Comentarios y/o mentadas en @Diaz_Eduardo

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