¿A quien no le ha pasado en algún momento de su vida sentir la necesidad de tocar un instrumento musical? ¿O, a quien no le ha tocado sentir de repente inspiración y ganas de componer alguna obra artística? Pues si eres uno de esos casos no te parecerá extraño que haya todavía propuestas musicales con raíces basadas en eso.

Tal es el caso de La Locura del Sensei, una agrupación de Buenos Aires que decide conformar Augusto Iribarne luego de pensarlo una y otra vez a lo largo de muchos años. El momento no pudo haber sido mas perfecto que este, integrando la banda con el baterista de Rata Blanca, Fernando Scacella, en la guitarra a Ariel Vergara, y en el bajo a Pablo Motzyak.

Desde pequeño me gusta la música, y escuchaba bandas como Iron Maiden, AC/DC o Van Halen, y siempre soñaba con tener mi banda. Intente con amigos de la escuela; fui intentando con musicos que iba conociendo y a pesar de haber tocado en varios lugares y divertirme, nunca se volvieron proyectos serios.

Con el tiempo, mi vida laboral, luego mi matrimonio… mis hijas fueron haciendo que la música se convirtiera en un sueño utópico, y creo que me genero una frustración que hizo que guardara mi guitarra en el placard.

Pero, evidentemente, la semilla seguía dentro mio y después de varios años hice un cambio muy fuerte en mi vida, y de pasar de ser una persona sedentaria, frustrada, que posiblemente se autoboicoteaba, empece rápidamente a retomar las actividades que yo sabia, quería hacer y que pensaba quedaban tal vez para otra vida.

Así fue como busque de nuevo mi guitarra y sorpresivamente, tal vez por la madurez de los años, me puse a escribir montones de canciones. Pero ya fuera del circuito de la música, sol me dedicaba a tocarlas en mi casa y tal vez mostrárselas a algún amigo o familiar.

Tiempo pasaría hasta que un buen día, Agusto conocería en una academia de musica a Fernando, con quien seguiría probando suerte hasta que por cuestiones de la vida, todo fluyo sin problema alguno; y por lo que sabemos hasta ahora, lo demás ya es historia…

El viaje del cuarteto comenzaría entonces con ideas que irían trabajando en conjunto poco a poco hasta producir finalmente su primer EP titulado Un Hombre Común, con el cual uno podría sentir esa historia latente de que, efectivamente, cualquier persona puede realizar cosas extraordinarias si eso es lo que realmente quiere.

¿El resultado? Cuatro rolas llenas de puro ritmo y frenesí colectivo dignos de un rock alternativo algo pesado a veces, pero claro, siempre sin perder la buena vibra y los mensajes de amor y sentimientos encontrados románticos que tiene por ejemplo Ay Amor. Los diversos efectos de la guitarra serian lo mas melódico y representativo de su sonido, ayudando siempre a resaltar la voz y letras de Iribarne.

Si hay algo que puede llegar a ser mas importante que la música misma de una banda, es su formación; sus inicios, como es que surge la idea de hacer una banda. Muchas veces, si desde un inicio todo fue por vocación, deseo y curiosidad, los resultados suelen ser extraordinarios.

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